• jdanielrv7

Tino Contreras: La Noche de los Dioses.



Originario de Chihuahua, el señor Fortino Contreras Gonzáles, mejor conocido como Tino Contreras, es el precursor del movimiento jazz en México por allá de los años 50’s. Su carrera y música se ve influenciada por su familia, las grandes orquestas de antaño, el Blues, la cultura tarahumara y el Sonido 13 de Julián Carrillo. Ha tocado Blue Note de París, compartiendo escenario con los grandes jazzistas de la época como Miles Davis, Charlie Parker, Dizzy Gillespie y muchos otros más.


Con 96 años de edad, una larga trayectoria y más de 50 discos en su repertorio, nuestra leyenda del jazz mexicano logra atrapar en el viento nuestras raíces sonoras y usa su jazz para plasmarlas, obteniendo una mezcla de los cambiantes ritmos de la cultura turca e instrumentos prehispánicos con el viejo género. Pone al mismo compás de su batería nuestro pulso y nos invita a participar en La Noche de los Dioses, un disco cargado del misticismo ancestral y la característica espiritualidad y libertad del jazz.


La ejecución del álbum está a cargo de Tino, cuya batería se caracteriza por mantener ese característico tempo en 3/4, guiando a su banda por las siete piezas que componen el disco; Luis Calatayud, nos regala los sonidos de ocarinas y la participación de su expresivo saxofón que refleja una pasión y espiritualidad abrumante; en las teclas tenemos al pianista Jaime Reyes, cuya fuerza y expresión en el instrumento enfatiza cada idea del saxofón y propone una nueva en cada pieza, rozando en ocasiones los territorios del free jazz.


La guitarra es de Emmanuel Laboriel, nieto del bajista Abel Laboriel. Su participación se destaca en “Naboró” y en “Al amanecer”, cambiando la textura del sonido de una guitarra acústica hacia una eléctrica que va acorde con el ambiente que pretende generar cada canción. El bajo es cortesía del hijo de Contreras, Valentino, mientras que Eduardo Flores está encargado de la ejecución de los Bongos y Carlos Icaza se luce con el Huéhuetl (un instrumento de percusión prehispánico) y cascabeles.


El álbum entero es una gozada, pero yo destaco estas tres piezas.


Naboró: una rola muy a lo Bossa Nova, quizá la pieza más bailable del disco. En esta, el saxofón toma el protagonismo, mientras que el resto de los instrumentos forman la base rítmica en la primera parte de la canción. La segunda parte se caracteriza por la improvisación, en donde la guitarra y piano se turnan para brillar por su parte. En esta sección de la pieza se puede apreciar de mejor manera los cascabeles y ocarinas que generan esa sensación de estar participando en un ritual nocturno. Finalmente, el saxofón retoma la idea principal y remata la canción.


Malinche: Es la pieza con la mayor carga de texturas e instrumentos prehispánicos y una de las favoritas de Tino. Empieza con un muro sonoro compuesto por cascabeles, arpas, el sonido aullante de una caracola y la batería de Tino imitando aquellos ritmos ancestrales. Paulatinamente, el resto de los instrumentos se incorporan y materializan la idea. Malinche es una pieza con una libertad extrema reflejada por el protagonismo de cada instrumento y ese aire de misterio proporcionado por las percusiones e instrumentos de viento.


Al Amanecer: En mi opinión, es una de las rolas más sabrosas. Una fusión de todos los sonidos y texturas en armonía, con un ritmo y vibra festiva. En ésta canción, cada instrumento se encuentra conversando con el otro en una algarabía sonora…hasta al amanecer.


Un álbum cuyo mérito proviene no solo de la experimentación al incorporar nuevos sonidos y ritmos al género, sino que también es el reflejo sonoro de uno de los precursores del jazz en México. Un LP que vale completamente la pena pegarle una escuchada. Nos vemos en el Mictlán.

46 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo